NOTA DE TAPA:
Nota de tapa

LOS TICS DE LA CULTURA

Pablo Vannini- Colectivo La Tribu

12 de febrero de 2007
“El capitalismo monopolista desarrolla la industria de la conciencia de forma mucho más rápida y amplia que otros sectores de la producción, pero al mismo tiempo tiene que encadenarla.”
Hans Enzensberger. Elementos para una Teoría de los medios de comunicación.

Cuando fui invitado por la Fundación Vía Libre a reflexionar sobre los “Monopolios artificiales sobre bienes intangibles (M.A.B.I.)”, nos guiaba el tema “El derecho de autor y el acceso a la cultura”.

Lo que nos proponemos en este texto es poner en discusión estos conceptos y las posibles relaciones entre ambos enmarcados en el contexto de las nuevas tecnologías.

¿Cómo es la relación que se puede establecer entre un érmino “y” otro? ¿El conector “y” designa las diferentes posibles relaciones entre el acceso a la cultura y el derecho de autor o da por

sobre entendido más bien una tensión u oposición entre el derecho de autor y el acceso a la cultura?

De todas maneras más allá del conector esta frase esconde o da por entendido y acordado varias cuestiones que aun es necesario revisar. Nos permitimos realizar algunas notas que se desprenden de estas reflexiones.

Primero que nada debemos preguntarnos por qué hoy día estamos discutiendo en torno a estos temas. Si se ha reflotado la discusión acerca del derecho de autor es porque el sistema actual se encuentra en crisis o al menos está sufriendo cambios importantes. Estos cambios sin lugar a dudas se generaron, se impusieron, por los avances tecnológicos que permitieron nuevas prácticas culturales que modificaron la lógica impuesta durante el siglo XX.

Sin embargo, lo que nos interesa aquí es que esos cambios tecnológicos, que repercuten sobre el sistema de derechos de autor, generan cambios culturales en las sociedades modernas.

Es decir, un primer movimiento necesario es correr la discusión del terreno del derecho de

autor, o mejor dicho, ampliar los márgenes de la misma. En este campo discuten, con sus intereses y conceptos, los actores hegemónicos que se ven perjudicados por las nuevas prácticas culturales. Más allá de que se puede disputar el sentido en esas discusiones, debemos señalar, para no caer en la misma lógica, que lo importante no es discutir los intereses de tal o cual actor o institución cultural, sino el devenir y las formas que podría adoptar la cultura ante los cambios que están aconteciendo.

Estamos en un momento interesante para la discusión y el análisis de las prácticas culturales en nuestras sociedades. Las nuevas tecnologías han impuesto cambios que nos llevan a poner en cuestión (al menos teóricamente) el actual funcionamiento del “campo cultural” y a repensar los roles y actores del mismo. Sin embargo (luego de unos años de caótica bella libertad) la pregunta es si los cuestionamientos -surgidos en ese período- sirvieron o servirán para cambiar la lógica de funcionamiento o simplemente conllevaron un cambio de nombres en los actores

hegemónicos de un nuevo sistema de industrias culturales.

Avancemos en algunas definiciones para poder aclarar las ideas aquí volcadas, hemos hablado de cultura, derechos y tecnología sin decir demasiado de cada uno de estos conceptos.

Si volvemos entonces a los temas que nos convocaban, podemos señalar que la idea de “acceso a la cultura”, puede ocultarnos la complejidad del fenómeno que analizamos. ¿Acceder a qué? ¿Qué es la cultura? Esta idea de “acceso a la cultura” puede suponer que el sólo acceso a ciertos bienes o productos implica un “desarrollo” o inserción cultural (o ascensión cultural en otras épocas). Esta forma simplificada de entender la cultura y las relaciones sociales está presente, por ejemplo, en algunas políticas públicas o entes de cooperación como también en discursos intelectuales que sustentan estas políticas. Un ejemplo puede ser el caso de los proyectos para reducir (palabra que trasluce un posibilismo poco entusiasta) la brecha digital. El sólo acceso al mundo de Internet y sus

herramientas acabaría, según estas ideas, con todas las desigualdades, no sólo culturales sino también económicas. Esto no pasa sólo en el mundo digital sino también con los libros, la música, el arte, los medios de comunicación. El acceder es sólo una parte del problema.

Pero el halo mágico suele cubrir a todo el mundo digital: el gobierno, la educación, el trabajo, enmarcados en un contexto digital se libran de contradicciones y diferencias, esas cuestiones tan increíblemente humanas. 1

Podemos decir que la cultura es mucho más que la sumatoria de productos culturales, como así también supone algo más que el acceso a los mismos. Nos acercarnos a una definición de cultura, siguiendo las clásicas palabras de Clifford Geertz: el conjunto interrelacionado de códigos de significación, históricamente constituidos, compartidos por un grupo social que hacen posible la identificación, la comunicación y la interacción. 2 Es decir que no sólo hablamos de productos sino de códigos construidos diaria e históricamente.

Claro está que en este marco el acceso a ciertos materiales, bienes y saberes, es fundamental en la construcción histórica del grupo social, por lo que no se trata de negar la idea de acceso, sino más bien de enmarcarla y problematizarla.

¿El derecho de autor hace referencia a los derechos que tienen los autores o al derecho que tenemos todos a ser autores? O dicho de otra manera ¿Quiénes son autores del mundo en que vivimos? ¿Quiénes crean e imponen los códigos de significación que rigen nuestras conductas?

Estas preguntas, si bien no pueden ser respondidas, pueden servirnos de guía en la problematización de la cultura, el derecho de autor y las nuevas tecnologías.

Sin ánimo de ser exhaustivos podemos decir, sólo para señalar algunos puntos centrales, que durante el siglo XX vivimos fuertes transformaciones culturales, respecto a siglos anteriores. La alfabetización de grandes masas de la población y la ampliación de la enseñanza en todos los niveles, sumado a la llegada de los medios de comunicación, la ampliación del tiempo

del ocio (aunque luego se acorta) y de los consumos juveniles generaron importantes cambios en la producción y circulación de productos culturales.

Conceptos como “industria cultural” aparecen recién a mediados de siglo, en 1947 en un texto de Adorno y Horckheimer 3, que más allá de las críticas que generó, señala otra de las características que adoptó la cultura durante ese siglo XX, la autonomización y mercantilización.

El derecho de autor funciona como una pieza clave de ese proceso de mercantilización de la cultura y su devenir es un claro ejemplo de las formas que adquiere ese proceso. 4 La extensión del plazo para cobrar los derechos post-mortem de los catorce años iniciales a los 70 actuales, muestra que el fomento de la creatividad y de la producción de bienes culturales, si es que alguna vez existieron, fueron abandonados por intereses económicos. También sabemos que esos derechos en pocos casos sirven para proteger a los autores, casi todos los contratos, por ejemplo en el caso de la música y los libros, implican

ceder el derecho de autor a la empresa que editará el material, enajenando la obra. 5

Más allá de lo que sabemos acerca de la apropiación del derecho de autor por parte de los editores y los contratos leoninos, nos debemos un análisis de la participación de las industrias culturales (editores) en el proceso de producción de la obra. Las nuevas tecnologías desmitificaron gran parte de la tarea que realizan estos actores (grabación, producción, distribución). Además es fácil observar que su trabajo se centra en maximizar ganancias y disminuir “el riesgo” de la inversión, en esta lógica poco espacio queda para la creación, experimentación y para todos aquellos no reconocidos que no pueden asegurar la inversión realizada. Un ejemplo de la búsqueda de maximización de ganancias es el de los discos compactos: en la última década han proliferado los discos en vivo (actualmente dvd en vivo + disco compacto) que permiten bajar el costo de producción, evitando pagar los costos de estudio.

Sin embargo estas cuestiones nos muestran la complejidad de la temática que aquí tratamos.

Hoy día sabemos que la actual arquitectura productora de bienes culturales, con su marco jurídico diseñado a medida, no protege a los autores y menos aún fomenta la producción y circulación de los mismos. Aún cuando no cumple los objetivos para lo que fue creado, la rueda sigue girando. Ante este panorama se generaron interesantes casos de producción independiente, autogestión y otras formas de producción que apoyadas en las posibilidades de las nuevas tecnologías (y como decíamos en la ineficiencia de las industrias culturales) han crecido de manera exponencial. Sin embargo enmarcadas en la misma lógica jurídica y comercial poco parecen transformar estas experiencias la lógica de funcionamiento del campo cultural.

Las nuevas tecnologías cambiaron las capacidades productivas del ser humano, al mismo tiempo que generaron nuevos espacios para la producción de “cultura”. No sólo se multiplicó la velocidad de comunicación sino que también se aumentó la capacidad productiva de los sujetos. Podemos decir que en sustancia no

han cambiado las actividades que hacen al hombre sino más bien que se han multiplicado sus capacidades: “Lo que la trama comunicativa de la revolución tecnológica introduce en nuestras sociedades no es pues tanto una cantidad inusitada de nuevas máquinas sino un nuevo modo de relación entre los procesos simbólicos -que constituyen lo cultural- y las formas de producción y distribución de los bienes y servicios.” 6

Ahora, la tecnología, en tanto conjunto de saberes sistematizados para ampliar o mejorar una capacidad humana, puede presentar diferentes posibilidades para una misma situación o problema y además suele contemplar diferentes usos (que en muchos casos pueden ser contrapuestos). Hoy día los avances tecnológicos suelen estar más orientados a mejorar las rentabilidades y posibilidades comerciales que a ampliar o mejorar las capacidades y necesidades humanas. Es por eso que debemos analizar la tecnología no sólo por los nuevos aparatos que se nos presentan sino sobre todo por las relaciones,

usos y significaciones que los mismos suponen. Miles de ejemplos podríamos citar aquí, sin lugar a dudas la pelea de los primeros hackers para desarrollar de manera libre lo que hoy conocemos como Internet es una síntesis interesante de los diferentes usos que puede presentar una tecnología: militar, transformador, comercial, etc. Si bien no hay que desestimar las posibilidades que brindan estas tecnologías, libradas (y producidas) a la lógica del mercado, suelen profundizar las condiciones actuales.

Revisar hoy día alguno de los textos referidos a las viejas tecnologías (radio, tv, etc.) puede ayudarnos a pensar acerca de las nuevas: “La radiodifusión podría ser el más gigantesco medio de comunicación imaginable en la vida pública... esto es, lo sería si no sólo fuera capaz de emitir sino también de recibir...” 7 Sorprendido por las posibilidades que podía brindar la radio Brecht escribe un texto que hoy podemos pensar como utópico, y el mismo nos contesta “si considera esto utópico, le ruego que reflexione por qué es utópico.” 8 La posibilidad transformadora estaba

en las formas de relación y las potencialidades de producción que podía permitir el medio. Casi un siglo después esta idea puede resultar irrisoria ante la concentración mediática (aun rescatando el importante papel que ha jugado el medio en muchos casos, como ser la alfabetización a mediados del siglo XX). Los medios tienen una importancia central en la difusión de la cultura (en desmedro de otros actores), de hecho los grupos mediáticos suelen ser al mismo tiempo (o estar asociados con) los grandes productores audiovisuales. Su planteo no es ingenuo; si esto es utópico, como él señala, es porque transformar las relaciones de producción cultural, generar sujetos críticos, productores, y no simples consumidores de la industria del entretenimiento, implica no sólo repensar los usos tecnológicos sino repensar y transformarnos como sociedad toda. Dime cómo te comunicas, dime cómo utilizas la tecnología, y te diré quién eres.

Repensemos ahora, luego de estas notas, desde los cambios producidos por las nuevas tecnologías, “el derecho de autor y el acceso a la

cultura”. Como dijimos la tecnología modifica las formas y prácticas culturales: “Puesto que la comunicación mediatiza y difunde la cultura, las mismas culturas, esto es, nuestros sistemas de creencias y códigos producidos a lo largo de la historia, son profundamente transformados, y lo serán más con el tiempo, por el nuevo sistema tecnológico.” 9 Las nuevas tecnologías (pensemos básicamente en Internet y todo su entorno) generaron cambios importantes en las prácticas culturales. En cuanto al acceso a contenidos y productos se generaron cambios, en muchos casos de manera indirecta como ser la circulación de la información y contenidos permitida por nuevas tecnologías pero canalizada por el momento a través de viejos canales (radio, TV). En estas cuestiones, la forma que adopte el derecho de autor tendrá mucho que ver, en tanto es uno de los principales elementos jurídicos que esgrimen aquellos que ponen intereses por sobre derechos, y que pretenden que todo cambie para que todo siga igual.

Pero los cambios interesantes para mirar y

analizar, como decíamos al principio, son las modificaciones en el sistema de creencias y en los códigos compartidos (cultura). Volver a escuchar “compartir es bueno” y “creación colectiva” 10 en el comienzo del siglo XXI es esperanzador y nos habla de cambios sustanciales en las formas culturales.

Las formas de cooperación y sociabilidad que se generaron en el entorno hacker en los inicios del desarrollo de Internet y que mantienen hoy día los usuarios de GNU/Linux son un ejemplo para estudiar la producción de nuevos códigos y nuevas formas de relacionamiento. La idea de “comunidad” resume esas nuevas (viejas) formas de entender las relaciones entre los hombres.

Es uno de los conceptos que mejor sintetiza la tensión con la que nace la Sociología en tanto ciencia moderna que añora el pasado perdido, “Los lazos de la comunidad -reales o imaginados, tradicionales o impuestos- llegaron a formar en muchas esferas del pensamiento la imagen de la buena sociedad.” 11

El hablar de una comunidad digital puede

pensarse como un oxímoron si tenemos en cuenta que en parte fue la primera revolución industrial la que generó los cambios sociales que conllevarían la desaparición de la comunidad. Mas aun si nos adentramos en las características centrales que implica este concepto. La idea de comunidad se exalta y recupera como oposición a la atomización, individualización y secularización del mundo. En este marco se la rescata como espacio de certezas, camaradería, cooperación y puede encontrársela en la familia, religión, ocupación o cualquier causa colectiva guiada por sentimiento más que por el calculo racional. 12

En esta clave podemos comprender cabalmente la paradoja de que sea el avance tecnológico a través del mundo virtual el que da nacimiento a una nueva idea de comunidad. La comunidad representa esa forma de relacionarse colaborativa, vocacional que se desarrolla en un espacio (virtual en muchos casos) de confianza e interacción. La aparición de nuevas relaciones, significaciones y producciones, deja la puerta abierta para que repensemos la cultura como un

espacio de producción colaborativa donde todos nos presentamos como productores de nuestra realidad, dicho en las poéticas palabras de Gilberto Gil: “La cultura vista como todo aquello que en el uso de cualquier cosa se manifiesta más allá del mero valor de uso. Cultura como eso que en cada objeto que producimos trasciende lo meramente técnico.” 13

 

Este texto fue presentado como ponencia en el encuentro organizado por la Fundación Vía Libre sobre “Monopolios artificiales de bienes intangibles (M.A.B.I.)” en Chapadmalal, Provincia de Buenos Aires-Argentina, en octubre de 2006. •

BIBLIOGRAFIA

Adorno, T. Horckheimer M. Dialéctica del iluminismo, Trotta, 2003.

Barbero, M. J. “Prácticas de comunicación en la cultura popular”, en M.Simpson (comp.) Comunicación alternativa y cambio social en A.L, UNAM, México.

Barbero, M. J. “La educación desde la comunicación” http://www.eduteka.org/pdfdir/SaberNarrar.pdf

Castells, M. La era de la información vol. 1, Alianza, Madrid, 1998.

Brecht, B. “Teoría de la Radio”, disponible en http://www.radiolivre.org/node/437

Enzensberger, H. "Elementos para un Teoría de los medios de comunicación", Anagrama, 1971. Margulis, M, "La Cultura de la Noche", Eudeba, 2004.

Nisbet, Robert. "La formación del pensamiento sociológico 1", Buenos Aires, Amorrortu Editores, 1990.

GEERTZ, C "La interpretación de las Culturas", GEDISA, 2005.

NOTAS

1 Ver Introducción de Enrique Chaparro en www.vialibre.org.ar.

2 Tomado de Margulis, M, La Cultura de la Noche. Ver GEERTZ, C. "La interpretación de las Culturas", GEDISA, 2005.

3 Adorno, T. Horckheimer M. "Dialéctica de liluminismo", Trotta, 2003.

4 Sobre una historia del derecho de autor veáse también el capítulo 1 -"Cada cosa por su nombre" www.vialibre.org.ar

5 Se calcula que el artista se queda con un 4% del precio de tapa de venta de un material.

6 Barbero, M. J. "La educación desde la comunicación " pp 2 http://www.eduteka.org/pdfdir/SaberNarrar.pdf

7 Brecht, B."Teoría de la Radio" , disponible en http://www.radiolivre.org/node/437

8 Ibíd.

9 Castells, M. "La era de la información" vol. 1, Alianza, Madrid, 1998, p. 360.

10 Se hace referencia a consignas básicas del copyleft, ver:

http://es.wikipedia.org/wiki/Copyleft

11 NISBET, Robert. La formación del pensamiento sociológico 1, Buenos Aires, Amorrortu Editores, 1990, p. 71.

12 Debemos a Ferdinand Tönnies el cuerpo teórico primario y principal de la idea de Comunidad. Su tipología consta de la división entre la idea de Comunidad (Gemeinschaft) y Sociedad (Gesellschaft) entendidas ambas como tipos de relaciones humanas.

13 Cultura, Gilberto Gil, discurso de asunción como Ministro de Cultura.