NOTA DE TAPA:
ÚLTIMA ACTUALIZACIÓN
14 de enero de 2008
Autores/as
R. Roncagliolo
J. M. Barbero
R. M. Alfaro
A. Pasquali
Archivo
Reflexiones
Bifo
Lo alternativo
Distribuir/Comunicar
Brecht y la radio
Archivo
derecho a la comunicación
Leyes y derechos
Libertad de antena
Concentración
Archivo

PERIODISTAS Y MAGNATES. ESTRUCTURA Y CONCENTRACIÓN DE LAS INDUSTRIAS CULTURALES EN A. LATINA- FRAGMENTOS

Guillermo Mastrini y Martín Becerra

12 de febrero de 2007

Periodistas y magnates sintetiza los resultados de la primera investigación sobre la estructura y la concentración de las industrias culturales y las telecomunicaciones en Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, México, Perú, Paraguay y Venezuela. El estudio estuvo organizado por el Instituto Prensa y Sociedad -IpyS y coordinado por los argentinos Guillermo Mastrini y Martín Becerra.

En su presentación los investigadores afirman “Cada año un ciudadano latinoamericano, en promedio, compra menos de un libro, asiste menos de una vez a una sala cinematográfica, adquiere medio disco compacto por el circuito legal y compra un diario sólo en diez ocasiones. La conexión a Internet en la región no alcanza a diez por ciento de la población. En cambio, el

ciudadano latinoamericano accede cotidianamente a los servicios de la televisión abierta y la radio.

Los bajos niveles de acceso en América Latina se complementan con una estructura del sector altamente concentrada, en la cual las cuatro o primeras firmas de cada mercado dominan )promedio regional= más de setenta por ciento del a facturación y de la audiencia.”

Reproducimos aquí algunos fragmentos del marco conceptual que proponen los autores para analizar la concentración de las industrias culturales en la región latinoamericana.

MARCO TEÓRICO Y METODOLÓGICO

“En pocas industrias el nivel de concentración ha sido tan asombroso como en los medios de comunicación”. Robet McChesney

 

En un trabajo publicado a comienzos de la década del 90, el investigador inglés Graham Murdock señalaba que “la defensa de la libertad de prensa había sido vista como una extensión lógica de la defensa general de la libertad de discurso. Esto

fue posible mientras la mayoría de los propietarios tenían un sólo periódico y los costos de entrada al mercado eran bajos. Con el devenir del siglo XIX, la producción de diarios se tornó más sofisticada tecnológica y operacionalmente, con crecientes costos de entrada que restringían la entrada a los principales mercados y condujo a los pequeños títulos a salir del mercado. En el comienzo del siglo XX se produce la era de los dueños de cadenas de periódicos y los barones de la prensa, llevando a los pensadores liberales democráticos a reconocer una creciente contradicción entre el rol idealizado de la prensa como un recurso de la ciudadanía y su base económica de propiedad privada.” (Murdock, 1990:1).

Iniciado el siglo XXI, la situación se ha agudizado y se ha extendido a un amplio abanico de medios y ramas industriales. El sector comunicacional ya no está únicamente formado por empresas familiares; en algunos casos, encabeza importantes grupos transnacionales cuyo movimiento económico se sitúa en

la cresta de las finanzas internacionales.

Cada vez más, se destaca el lugar central de las industrias de la comunicación para organizar el mundo simbólico de la sociedad capitalista madura, enlazando estructuras económicas y formaciones culturales. Sus mensajes ayudan a conectar un sistema productivo basado en la propiedad privada con un sistema político que presupone una ciudadanía cuya participación social completa depende del acceso al máximo posible de información y análisis de un debate abierto sobre temas cotidianos. (Murdock, 1990)

Ahora bien, ¿cómo puede un sistema con propensión casi excluyente a la generación de lucro, garantizar la diversidad de la información para todos los ciudadanos? Para algunos, la diversidad se garantiza a través de la diversidad de intereses de los propietarios de los medios de comunicación. Para muchos, la concentración de la propiedad demuestra la reducción de esa posibilidad.

LA CONCENTRACIÓN DEL SECTOR INFOCOMUNICACIONAL

Los procesos de concentración de medios en América Latina no son nuevos ni desconocidos. El nacimiento de la radio en los años veinte estuvo acompañado rápidamente por la adopción de una lógica comercial que tendió, de manera natural, hacia la concentración en pocas manos de las estaciones y cadenas (con la excepción de países como Uruguay donde al comienzo se adoptó el régimen de servicio educativo). Otro tanto ocurrió con la televisión, a partir de los años cincuenta y fundamentalmente de los sesenta, cuando en América Latina se impuso la noción de servicio de interés público que fue funcional a las inversiones que las principales cadenas televisivas norteamericanas hicieron prácticamente en todos los países (excepción de Cuba post 1959, por ejemplo), en oposición al modelo de servicio público que tuvo lugar en Europa. México se convirtió en el sexto país a nivel mundial en disponer de la televisión en 1950; en Venezuela en el undécimo en 1953 ) en Brasil

la primera transmisión fue en 1950; en Argentina en 1951). Este hecho señala una rápida asimilación de las nuevas tecnologías infocomunicacionales disponible por parte de las elites locales, aunque no se desarrolló, con la consecuente dependencia tecnológica que esto supone.

Por su parte, si bien las telecomunicaciones en general se desarrollaron con fuertes inversiones en los Estados Nacionales, en la década del 90 se llevó a cabo un proceso de privatización de estos activos, que con la excepción de Uruguay, determinó que el conjunto de las empresas de telecomunicaciones pasaran a estar controladas por capitales privados, en muchos casos, extranjeros. Como se verá más adelante, la privatización no implicó que el sector pasara a tener un funcionamiento competitivo, sino simplemente se pasó de los monopolios estatales a monopolios u oligopolios privados.

Estos elementos deben analizarse conjuntamente con un factor histórico: la dificultad por parte de los Estados latinoamericanos para establecer

políticas claras, que favorezcan algún grado de participación de la sociedad en su definición. Puede afirmarse al respecto que ha sido el mercado el que ha fijado de hecho las principales estrategias en el sector infocomunicacional, para que con posterioridad el Estado ajustara el marco regulatorio. •

 

Tomado de Mastrini, Guillermo y Becerra, Martín. Periodistas y magnates. Estructura y concentración de las industrias culturales en América Latina. Buenos Aires, Prometeo, 2066. Págs 37 a 52.