NOTA DE TAPA:

MARIO KAPLÚN

Mariana Mársico- Colectivo La Tribu

12 de febrero de 2007

Nació en Argentina en 1923 y vivió en Buenos Aires hasta 1952 cuando con su mujer, la actriz Ana Hirsz, y su hijo menor deciden establecerse en Uruguay. Su obra constituye un aporte fundamental a la hora de pensar la relación entre comunicación y educación. Desde su propio recorrido de formación profesional puede evidenciarse este cruce: Kaplún se recibió a los 17 años de maestro, en cuanto al campo de la comunicación, se acercó desde la praxis, más concretamente, haciendo radioteatro.

Su primera experiencia en radio fue a los 17 años, cuando los responsables de Platea Club le permitieron que usara el programa para convocar jóvenes a los foros del Club del Libre Debate que él organizaba en una sala del periódico Crítica.

Kaplún trabajó durante un tiempo en un estudio donde se producían radioteatros; esta experiencia le permitió adquirir la práctica y las herramientas

Kaplun

para guionar y realizar programas radiales: debía escribir dos guiones por semana, dirigir actores, coordinar técnicos, ensayar, ambientar y salir al aire.

A los diecinueve años, en el marco de un servicio radial llamado "Escuela del Aire", emitió su primer programa educativo: un ciclo sobre historia de la Argentina en formato de radioteatro, a través de Radio del Estado y Red Splendid.

Al llegar a Uruguay, en 1952, junto a su mujer buscaron profundizar en el cristianismo; se vincularon al Centro Pedro Fabro lo que resultó determinante de muchas de las experiencias de vida, tanto profesional como religiosa. El sentido de búsqueda religiosa los llevó en 1958 a mudarse a Francia, para vivir en la comunidad “El Arca” donde pasaron casi un año, hasta que supieron que esperaban su segundo hijo y decidieron volver.

Desde 1962 Kaplún empezó a producir y conducir programas radiales de debate periodístico que obtuvieron un gran éxito en la audiencia, como Cristianos sin censura que trataba temas

cotidianos de los oyentes. A fines de los 60 realizó series de programas radiales con una propuesta educativa para toda América Latina, como El Padre Vicente – Diario de un cura de barrio (1969-1973), Jurado No.13 (1971-1973) y Tierra de Muchos. Los programas fueron emitidos no sólo en América Latina, sino también en Filipinas y Estados Unidos, y fueron traducidos al portugués, al quechua y al aymara.

Jurado No.13 obtuvo el mayor éxito y Producciones SERPAL de Munich le propuso a Kaplún viajar por América Latina para documentar las diversas realidades del continente; ese registro sería la materia prima del programa.

Mario Kaplún, junto a su familia, se exilió en Venezuela desde 1978 a 1985. En ese país coordinó el área de Comunicación del Centro al Servicio de la Acción Popular (CESAP). Desde allí dictó cursos a grupos de base venezolanos sobre comunicación fotográfica, audiovisual y periodística, y también sobre teatro, aplicando una metodología de capacitación de

comunicadores/ educadores populares. Puso en marcha los Talleres Latinoamericanos de Comunicación Popular, un proyecto que se sostuvo durante cuatro años y en el cual se formaron más de cien comunicadores/educadores populares de América Latina.

A su regreso a Uruguay fue uno de los fundadores de la Escuela de Ciencias de la Comunicación, de la Universidad de la República (hoy Facultad de Comunicación), dedicándose a la investigación, gestión académica y docencia hasta su muerte, en 1998.

LAS IDEAS

Desde el inicio de su carrera Kaplún cuestionó el modelo de comunicación unidireccional preferido por los medios masivos de comunicación de la época. Su objetivo era potenciar al destinatario al punto de transformarlo en un nuevo emisor, en un mismo proceso y desde la propia práctica de comunicación.

Algunos de los pilares de su pensamiento están

ligados, por un lado, al cristianismo. Kaplún se vinculó desde su llegada a Uruguay al Centro

Pedro Fabro, junto al teólogo Juan Luis Segundo, quien a partir del Concilio Vaticano II propuso una teología basada en la libertad del hombre alejada del fundamentalismo dogmático y enfrentado a la teología meramente intelectual.

Otro pilar ideológico fundamental para su práctica fue Paulo Freire, sus ideas sobre la educación liberadora o transformadora fueron la matriz de los programas radiales y televisivos que realizaba Kaplún, así como también la base de las prácticas de comunicación popular.

El maestro francés de educación popular, Célestin Freinet, constituyó también una fuente de inspiración pedagógica. Freinet cuestionó en la década del ’20 el modelo de enseñanza memorística y mecánica, mediante el desarrollo de una pedagogía que tomaba en cuenta la realidad socio-económica y cultural del educando y promovía el aprendizaje como construcción colectiva.

Otro aporte se vincula al trabajo basado en dinámicas de grupo y diálogo, donde los integrantes eran sujetos activos, y no basados en la relación tradicional de un docente que sabe y enseña y un grupo pasivo que aprende.

En las experiencias radiofónicas de Kaplún convivían estas matrices de pensamiento. Siguiendo a Paulo Freire, introdujo la comunicación dialógica participativa, por ejemplo, en Jurado No.13 el mismo tema se trataba en tres capítulos; se presentaba una cara de la moneda el lunes, otra cara de la moneda el miércoles, y la solución del autor el viernes; y el domingo se podía repasar y escuchar todos los capítulos con la intervención de la gente. Esta práctica entraba en contradicción con los programas educativos que se venían realizando en América Latina desde hacia años, los cuales adoptaban un tono moralista, vertical, aburrido. Con la producción de El Padre Vicente y Jurado No.13, Kaplún rompe con los esquemas convencionales y aplica el pensamiento educativo de Paulo Freire -la educación liberadora- a los programas de radio.

Paralelamente, la preocupación por volver emisores a los receptores de mensajes lo llevó a diseñar y aplicar en el 1977 el método Casete-Foro, un "programa de investigación-acción” cuyo objetivo principal era hacer del proceso comunicacional un diálogo intergrupal -un proceso real de ida y vuelta-, y volver a los receptores más críticos y participativos. El modelo permitía al destinatario no sólo recibir el mensaje sino también responder y dialogar, e implicaba además una dimensión de intercambio intergrupal que favorecía la condición de co-emisores de todos los participantes. La primera experiencia fue realizada con agricultores uruguayos. Estas prácticas con grupos populares permitieron a Kaplún diseñar también el método Lectura Crítica de Medios, que aplicaría formalmente más adelante.

Paralelamente, y a pedido de UNESCO, Kaplún siguió profundizando en el cruce de la Comunicación y la Educación. En 1990 llevó a cabo un estudio de casos de veinte programas de varios países latinoamericanos, cuyo resultado

fue publicado en A la educación por la comunicación: La práctica de la Comunicación Educativa. Allí propone pensar la educación desde la óptica de la comunicación, articulando las teorías del aprendizaje a los procesos y modelos comunicacionales. Propone estrategias de uso de los medios masivos en favor de la educación de adultos, y en especial de grupos marginales.

LOS LIBROS

En 1973 publica su primer libro, La comunicación de masas en América Latina; en 1983 edita Hacia nuevas estrategias de comunicación en la educación de adultos y Comunicación entre grupos: El método del casete-foro en 1984.

Otros títulos del autor: El comunicador popular (1985), Un taller de radiodrama: Su metodología, su proceso (1985), Hacia nuevas estrategias de comunicación en la educación de adultos (1986), La educación para los medios en la formación del comunicador social (1987), Los Mattelart, hoy: entre la continuidad y la ruptura (1988), Comunicación entre grupos (1990), A la educación

por la comunicación. La práctica de la comunicación educativa (1992), Repensar la Educación a Distancia desde la Comunicación (1992), Del educando oyente al educando hablante (1993), Continuidades y rupturas en las búsquedas de un comunicador-educador (1995), Los materiales de autoaprendizaje. Marco para su elaboración (1996), y Una pedagogía de la Comunicación (1998).•