Guy Ernest Debord nace en París en 1931. Escritor, pensador estratégico, activista y cineasta.
Una vez finalizada la Segunda Guerra Mundial, se une al grupo Socialismo o Barbarie, liderado por el intelectual Cornelius Castoriadis. En 1951 se une al movimiento político artístico llamado Letrismo. En 1952 se aleja y con un grupo disidente forma la Internacional Letrista, antecedente inmediato de la Internacional Situacionista, fundada por Debord en 1956. En 1959 funda la revista del mismo nombre y dio inicio a lo que para muchos fue la última vanguardia del siglo XX.
En los años siguientes, siguió escribiendo, filmando películas, siempre desde los márgenes.
En los últimos años de su vida, se interesó en la ecología, y en las cada vez más invisibles estrategias de desinformación del capitalismo. Se quitó la vida de un disparo al corazón en 1994.
Durante los 63 años que vivió, había acaparado más interés para la policía que para el mundo de la cultura.
Durante la época de la Internacional Letrista, publica sus primeros textos en la revista Potlach (1954- 1959). De 1959 son también sus Memorias, cuyas tapas estaban hechas de papel de lija, con el fin de destruir cualquier libro que se pusiera junto a ellas.
De 1958 a 1962, escribe textos incendiarios (de temas que van del urbanismo a los consejos obreros) en la revista Internacional Situacionista. Escribió varios libros a lo largo de su vida, pero todos son un prólogo o un epílogo a su obra fundamental de 1967, La sociedad del espectáculo, un pequeño manual de batalla para salir a la calle a fines de los 60, de lectura obligada en las barricadas del Mayo Francés, y hasta hoy un libro difícil de digerir para el poder. 221 aforismos para decretar la bancarrota del mundo.
La crítica radical de Debord en esta obra, verdadera disección del capitalismo avanzado, se basa en el concepto capital de espectáculo. Arraigado en lo más profundo del capitalismo, el espectáculo era el paso obligado dentro del sistema de producción del capital, donde las imágenes son su extensión lógica. Según la tesis 34 del libro, "El espectáculo es el capital en un grado tal de acumulación que se transforma en imagen". Para Debord, el espectáculo era "una relación social mediatizada por imágenes".
En definitiva, el capitalismo moderno sería la mediatización definitiva, la inversión de la vida real, una no- vida vivida a través del carnaval de los mass media que nos ofrece el sistema.
Así, esta es una de las críticas más virulentas sobre el papel de la mediación en el campo de la cultura.
En 1988, Debord publica un anexo a este libro, titulado Comentarios sobre la sociedad del espectaculo. En esta obra, Debord anticipa la fusión de lo espectacular concentrado (sociedad soviética) y lo espectacular difuso (democracias representativas), en un espectacular integrado, una dictadura que usa el espectáculo haciéndose más
presente cuando menos se la ve.
El pensamiento de Guy Debord ha tenido gran influencia en los estudios culturales, la teoría estética y la crítica cultural, en campos tan variados como el cine, las nuevas tecnologías, la comunicación y la fotografía.
Su aporte fundamental sigue ahí, más actual que nunca, esperando que lo descubran nuevas barricadas.
Y el Situacionismo fue eso: uno de los últimos momentos del siglo que pasó en que se pretendió lo imposible, unir política, arte y vida en un cóctel demoledor para el sistema. La Internacional surge en 1956, pero se formaliza en 1959 con la publicación de su órgano de difusión, la revista del mismo nombre.
En la Internacional se dieron cita arquitectos, pintores, activistas, escritores, cineastas, cuyo punto de unión fue el odio radical al capitalismo y el
trabajo conjunto en pos de su disolución. Debord cobró gran protagonismo en el movimiento al establecer los giros y líneas políticas del mismo, las que variaban de acuerdo a una coyuntura de cambios tan bruscos como la década del 60.
En un principio, los Situacionistas modelaron un urbanismo crítico (que llamaron "unitario"), y que daba cuenta de las maneras en las que el sistema controla, a través del planeamiento urbano, la circulacion de los cuerpos por las ciudades. Así, conceptos tales como deriva, un deambular por las ciudades dictado por la curiosidad o la pasión, o psicogeografía, definida como el efecto de los ambientes urbanos en el estado de ánimo, dieron cuenta de la necesidad urgente de inventar otras maneras, más lúdicas, de apropiarse del espacio público.
Más adelante, las preocupaciones del movimiento fueron hacia dos temas que consideraron estratégicos: los consejos obreros, y la militancia universitaria.
En lo referido a la lucha obrera, lo que los diferenciaba de la izquierda tradicional era su firme
oposición al trabajo. Para Debord y sus seguidores, "...el verdadero problema revolucionario es el del ocio". Observaban que el Estado necesitaba a embrutecer a los ciudadanos con espectáculos televisivos y deportivos. En este sentido, advertían que la batalla del ocio era el verdadero teatro de la lucha de clases.
En 1966, provocan un escándalo en las universidades francesas, al publicar y distribuir el panfleto Sobre la miseria en el medio estudiantil, donde se ridiculizaba al extremo la industria cultural, y se burlaban de los estudiantes y su fascinación abstracta por el Tercer Mundo, así como por su incapacidad para luchar en la vida real.
Estos escritos anticiparon e influenciaron fuertemente el clima que se viviría poco después en las calles parisinas de 1968. Aunque hasta el día de hoy se considera que el situacionismo lideró de alguna manera los acontecimientos de Mayo, su ideal era ser el detonador. De hecho Debord declaró años después "Lo que habíamos entendido, no fuimos a decirlo a la televisión. No aspiramos a los subsidios de la investigación científica, ni a los
elogios de los diarios. Nosotros llevamos el aceite ahí donde estaba el fuego".
Se autodisolvieron en 1972, cuando la semilla estaba sembrada.
Otros libros publicados por Debord son Para acabar con la comodidad nihilista (1953), la primera de sus obras; los Textos Situacionistas sobre los Consejos Obreros (1977); Consideraciones sobre el asesinato de Gérard Lebovici (1985), sobre el misterioso asesinato de este activista y editor italiano, amigo íntimo de Debord, y su testamento intelectual, el Panegírico (1989), una visión amarga y escéptica del mundo por venir.
En cuanto a su labor como cineasta, que consideraba estratégica, puede decirse que la obra de Debord intentó negar el cine mismo, trastocar el soporte hasta hacerlo gritar sus propias contradicciones. Adelantándose varias décadas a las luchas por la propiedad intelectual, Debord inventó para su cine una poética de la apropiación, que justificaba el uso del plagio, el collage y la
subversión de mensajes preexistentes.
Intentaba con esto disparar una reflexión en el espectador, que para él "no encuentra lo que desea, sino que desea lo que encuentra".
Entre sus principales films se encuentran Aullidos en favor de Sade (1952), una apología de la vida y la obra del Marqués de Sade, Crítica de la separación
(1961), y La sociedad del espectáculo (1973), versión fílmica del libro.
En este sitio se encuentra gran parte del material que escribió Debord para la revista Internacional Situacionista, además del texto completo de La Sociedad del Espectáculo, textos del movimiento y guiones de las películas de Debord.•