NOTA DE TAPA:

Propuestas para pensar la identidad de un proyecto. La dimensión artística radiofónica

Gastón Montells- Colectivo La Tribu

2 de enero de 2007

Punto 1. Una ciudad y sus modos de oír

El lugar donde vivimos es un territorio de sonido anudado a una seguridad: la que implica que todos al escuchar una cosa entendamos lo mismo por eso y podamos comprender.

Muy probablemente el diálogo se realice más a partir de la incomprensión que de la certeza.

Una pregunta nace generalmente de una inquietud. Por eso la opción de preguntar es motivada muchas veces por la posibilidad que un emisor deja en el aire en el momento mismo de su enunciación.

Todo lo que somos juntos en el territorio donde vivimos también lo es por nuestro modo de sonar.

Si hay una instancia organizadora de cualquier conversación son los modos de oír de un lugar. Esos modos que configuran comportamientos particulares de recepción y exigencias puntuales de producción.

Por eso las radios construyen, además de sus propuestas comunicacionales, modos de oír donde se ponen en juego las maneras de aparecer del emisor y el receptor.

Se dice que un símbolo es democrático porque su condición de metáfora le permite al que dialoga con él, poner en juego su capacidad creativa en la interpretación del mensaje.

Valer su autonomía en el momento justo donde se apropia del sentido de un texto o un sonido.

Donde hay un símbolo, hay muchas veces polisemia (“pluralidad de significados de un mensaje”).

Y esa condición significante opera en la democracia de la comunicación. En el hecho concreto de que el interlocutor de ese momento de intercambio pueda definir los términos de la constitución de su relato.

La artística de una radio es por sí misma una dimensión. Es decir, atraviesa transversalmente todas las decisiones comunicacionales de un proyecto. No es otra cosa que la traducción comunicacional del proyecto político-cultural de una emisora.

Los modos en que una radio se dice a sí misma, establecen una posición sobre el mundo y una manera de constituir a su interlocutor.

La idea de traducción es pertinente en su acción: cómo convertir en hechos sonoros los objetivos que nos damos como radio. De qué modo recurrir a las estrategias radiofónicas disponibles para formatear una idea en un momento de diálogo sonoro.

El gran desafío inicial es pensar en sonido y corresponderle una gramática propia de la enunciación sonora.

El desafío siguiente es una tarea contextual: reinventar el modo de sonar la comunidad. Justamente para constituirla, empezando por llevar al aire de la radio, los sonidos singulares de todos los bordes territoriales de nuestras calles.

Punto 2. Una radio y el desacostumbramiento del mundo

Una tarea política de la radio comunitaria es poder pensar junto a sus interlocutores una matriz de comprensión del mundo. Sobretodo para incidir, con otros actores sociales, en la definición de una serie de estrategias para intervenir y cambiar las condiciones de existencia de un territorio y sus redes.

Desacostumbrar el mundo es generar el espacio colectivo desde el cual poder discutir la coordenada de un sentido común nuevo, propio, abierto, incluyente. Liberador. Colectivo.

Un sentido común que nos contenga en el constante acto creativo de identificarnos en las prácticas de nuestra identidad.

La radio como punto de encuentro de una iniciativa: la que sea que tenga cada uno en su intento por protagonizar su existencia. El preguntarse por las necesidades de su época.

Incluso la necesidad política de ser felices socialmente.

Punto 3. La artística como la traducción comunicacional del proyecto político

Si somos lo que sonamos es porque hemos logrado, estrategia mediante, convertir un objetivo en una pieza de sonido.

Nada de lo que suena está ahí sin significar. Sea por accidente, imprevisto o planificación, el aire de nuestras radios expresa no sólo lo que queremos comunicar sino además todas aquellas perspectivas que se ponen en juego en el momento mismo de la enunciación.

“Artística” viene de arte pero también de dimensión. Y sobretodo de la noción de estrategia.

Lo es porque no puede reducirse a una serie de elementos articuladores de la identidad de un medio (aunque también sea eso). Sino a la serie de definiciones que nos damos como proyecto en tanto parámetro de disputa de un sentido propio de la comunicación.

“Artística” viene de arte y desde ese universo simbólico afirmamos la idea de proceso creativo, caótico, transformador al que recurrimos intencionalmente en función de contar y proponer una idea.

La artística de una radio son los espacios y estrategias donde la emisora se dice a sí misma, pone en juego públicamente una línea editorial, un campo de modos de sonar (donde se pelea opciones de forma), un alineamiento con ciertas ideas del mundo y el contexto inmediato.

Un objetivo no puede sonar sino es a través de un recurso que le presta su forma.

Dialogamos a partir de eventos sonoros. Hasta monstruos de sonería. Pero no planificaciones.

Lo que nos hace conversar es la palabra y el sonido del otro. No una declaración de principios por más impecable que sea escrita en un pizarrón de oficina.

Entonces la producción artística será el acto de convertir un objetivo en un hecho comunicacional. Que a la vez de expresarlo pueda portar el sentido integral del proyecto al que refiere y hacerlo fundando la originalidad que más se pueda a partir del uso de los recursos radiofónicos disponibles en nuestro maniobraje.

Punto 4. La construcción de la identidad.

La identidad de una radio no sólo está en lo que pasa sino centralmente en lo que somos en la vida en comunidad.

La identidad empieza en la definición pero se realiza en la acción. En las prácticas transversales al proyecto que nombra.

La identidad de una emisora también son sus alianzas y articulaciones. Tanto con actores sociales de su comunidad como con otros lenguajes y soportes que le sirvan en los términos de su intención comunicacional. El diseño gráfico, la plástica, el teatro, la composición poética, el graffiti, la imagen audiovisual, etc.

Montar una FM

el fantasma de heredia

La identidad está al aire en los contenidos de un programa pero también en el modo de atender el teléfono a un oyente.

En los colores y la tipografía de una pieza gráfica o de la pared del estudio y también en los guiños de atrevimiento sonoro en la experimentación que los editores se permitan en el estudio.

La artística tiene mucho de diseño. Incluso por eso mismo comparte matrices de arquitectura.

Construir una maqueta de elementos combinados que significan por estar juntos en relación.

Un trabajo de albañilería sonora. A partir del collage, el montaje, la edición milimétrica intencional.

Cada proyecto construye una imagen de sí mismo. Y esa imagen de sonido convoca todas las definiciones que organizan el proyecto que le da marco.

Ahí se pueden leer las figuras legales, los modos de organización, la manera en la que se toman las decisiones, la agenda periodística estratégica, el perfil del destinatario deseado, el estilo, carácter y color de las voces institucionales. Las anotaciones principales del proyecto en tanto tal.

El desafío artístico es la construcción de símbolos. Cuando el símbolo es un espacio de encuentro con el enunciado del otro. O con su grito. O su incertidumbre. O afirmación.

En todo caso la pretensión de todo proceso artístico es construir un lugar donde emisores y receptores se encuentren para negarse a sí mismos y ya no ser emisores y receptores sino interlocutores de una instancia que les pertenece a ambos.

Construir nuevas simbologías sonoras que puedan reinventar los términos en los que suena el mundo.

Punto 5. El fortalecimiento del diálogo

Si hay un fundamento que da inicio a un proyecto de comunicación es recuperar y fortalecer la capacidad de diálogo. Además de la razón política de entender que hay que hablar de otras cosas.

La artística radiofónica comparte con el diseño gráfico la búsqueda de una eficacia: encontrar el logo que pueda sintetizar el proyecto sin matarlo.

En este caso, el logo sonoro, la marca, pieza institucional, sigla, cuña, señal identificatoria.

Pero también los elementos que además de portar el sentido funcionarán como organizadores del aire.

Las cortinas musicales, la elección de las voces, su color, la noción de ritmo, la elaboración de un criterio musical, las aperturas, cierres, separadores. La publicidad, las campañas sociales y los elementos de ubicación del aire.

El tratamiento de la información, el uso de recursos dramáticos.

La búsqueda constante del imprevisto.

La dimensión artística está combinada a partir de dos universos: el simbólico y el portador de técnicas a las que podemos recurrir estratégicamente.

El primero reúne los principios y objetivos político-culturales que a modo de ideas, argumentos, asociaciones, intenciones y modelos, sujetan y motivan nuestra práctica.

El segundo contiene las herramientas que el soporte del audio nos provee como materia significante. No sólo sus elementos primarios (voz, música, efectos, silencio y sus combinaciones) sino sobretodo las técnicas y apropiaciones que ponen en juego su uso como formatos.

Es decir: si elegimos tratar el tema “enfermedades de transmisión sexual” y lo dirigimos a poblaciones infantiles, probablemente sea más estratégico decidir formatear ese contenido bajo la forma de un radioteatro que bajo las coordenadas de una editorial periodística.

Siempre y cuando esa herramienta sea legítima en ese contexto específico.

Punto final. O sobre como recuperar la sorpresa y el imprevisto

Una razón para la radio alternativa y comunitaria es cambiar el mundo.

Lo sabemos y por eso hacemos estas cosas rojas.

Ahora, si la comunicación tiene un fin (no un final) es inspirar la generación de sorpresa. Activar el imprevisto. Descaracterizar el símbolo para que en esa identificación de la operación, ingrese el otro a participar sumando su sentido.

La artística sirve cuando se relanza en el otro.

En ese relanzamiento, es decir, en la activación de la apropiación, el diálogo se realiza.

Decimos que lo importante de los mensajes son sus consecuencias. Por eso hablamos y hacemos sonar los hechos del mundo: para que al sonarlos instituyan el sonido que pueda evidenciar un dolor. O convocar a una fiesta.

Este proceso creativo, caótico, desordenado pero revitalizador, tiene una expresión que tensa el universo esperado del código: el concepto de “inseguridad acústica”.

Este concepto está basado en la perspectiva que observa las seguridades acústicas de una sociedad. Es decir, los modos de "disciplinamiento" de las relaciones. De organización del lenguaje.

Podemos hablarnos porque por los mismos términos entendemos las mismas cosas. Nos da seguridad y seguimos. Por eso ante un idioma nuevo somos cuidadosos, distantes, precavidos. Porque no se nos hace sencillo comprender. El lenguaje desconoce elementos del otro lenguaje y entonces se detiene, va a tientas. No es más segura esa señal acústica.

Desde La Tribu proponemos este concepto que tiene que ver incluso con el maniobraje sonoro (las maneras de concebir la producción artística) que es poner en crisis los modos que estamos "acostumbrados" a oír. Nos acostumbramos tanto a oír que ya no escuchamos.

El discurso es también un hábito y algo que aparece ahí cristalizado e impenetrable. Un hecho definido por las instituciones que organizan los modos de estar juntos socialmente.

La idea de inseguridad acústica es uno de los conceptos a partir de los cuales problematizamos nuestra práctica. Es decir: si hay un modo de "funcionar" el mundo y ese mundo a constituido "seguridades acústicas" que lo garantizan y reproducen; entonces un hecho propio de la alternatividad creativa será poner en crisis esos modos de ser nombrados (relatando una mirada del mundo) y agrietar el discurso hasta hacerlo inseguro, es decir: habitable. Ocupable por cualquier persona que quiera hacerlo.

Inseguridad acústica refiere también al desafío artístico de proponer desde el plano comunicacional, la recuperación de la sorpresa, de la imaginación y, por supuesto, de la palabra política.

Y al mismo tiempo, desafiar el sentido intencional que la época le ha dado a la tensión: "seguridad/inseguridad".

((Lo más seguro es inseguro. Lo inseguro es por completo una seguridad)).

Entonces a producir

¿Qué considerar en el momento de la producción?

Una sola cosa: todo.

Enumerado acá abajo puede ser así:

  1. El o los objetivos a comunicar.
  2. El marco de enunciación, el tipo de proyecto, las características de la radio donde será emitido.
  3. El destinatario estratégico acordado, su código y el horario en el que se emitirá lo producido.
  4. Los modos de la época. Como tarea contextual es importante identificar las maneras de producir vigentes y definir una identidad propia.
  1. Los recursos con los que contamos. Los roles, las tareas, el tiempo disponible, la estructura técnica, los recursos materiales disponibles (de haberlos).
  2. La información a relevar. Implica momentos de investigación, pre-producción, búsqueda en archivo de materiales anteriores sobre el mismo tema, etc.
  3. La definición de una técnica de producción.
  4. La síntesis entre el desafío comunicacional y la experimentación. Buscando sonidos nuevos para las cosas viejas o incluso resignificando y reutilizando sonidos ya conceptualizados pero en marcos imprevistos.
  5. Hacerlo.
  1. Permitirse comprender que la identidad, si bien debe aparecer sintetizada en una pieza de segundos, es un proceso que enmarca prácticas, hábitos, relaciones construidas, agendas propuestas más allá de esos modos fragmentados que toda instancia comunicacional no puede evitar de su propia aparición pública.

Por ejemplo. Un perro ladra. Probablemente entendamos que su presencia está condenada a un hecho ficcional o a una ilustración de ambiente.

Pero si ubicamos ese sonido como efecto sonoro de una producción periodística acaso podamos darle a ésta un sentido editorial convocando a entender el ladrido como signo sonoro de enojo, furia, desconfianza, pelea. Llamamiento.

Cuidado con el perro, tiene rabia

foto anabella salem

No puede haber radio sin síntesis entre lo dicho y su manera de decirlo.

En ese encuentro se pone en juego no sólo la creatividad sino sobretodo la eficacia.

La posibilidad que alguien, aturdido por la constante interpelación del mundo, preste el oído a la posibilidad sonora que más lejos estuvo de su acostumbramiento.

Aún a riesgo de exigirle un esfuerzo mayor de comprensión, porque se ha hecho inseguro su modo de escuchar lo que oye.

Inseguro es no garantizado, por eso la buena motivación a protagonizarlo.

O lo que es igual a todo esto: la creatividad sos vos.

El título es tu nombre. •